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Aforismos de Zürau (selección) de Franz Kafka, con prólogo de Roberto Calasso



Roberto Calasso
Al margen 


Cada mañana, en la Bodleian Library de Oxford, en la sala 132 del edificio moderno, sobria, no disímil de un aula de colegio, estudiaba el manuscrito del Castillo. Me estaba acostumbrando a esos cuadernos escolares, sin rayas. El primero estaba cubierto, de un margen al otro de la página, con una escritura diminuta y angulosa, algunas veces a lápiz. Los otros dejaban en blanco la hoja a la izquierda, reservándola para correciones que, si embargo, aparecían muy de vez en cuando. Cada tanto estaban indicados en la hoja a la izquierda los títulos de los nuevos capítulos, mientras que en la hoja de la derecha, a la misma altura, el texto proseguía sin siquiera ir aparte, al tiempo que el final del capítulo estaba indicado solamente con un tipo de efe oblicua. 
Un día pasé a la carpeta de los Aforismos de Zürau. El paisaje se presentaba totalmente diferente. Hojas sueltas -ciento tres- en formato rectangular, 14.5 x 11.5 cm, en papel muy delgado, color amarillo pálido, obtenidas cortando en cuatro cierta cantidad de papel para cartas. Los fragmentos estaban todos numerados en progresión, arriba a la derecha, y variaban de la breve frase tomada  individualmente, (por ejemplo 16, 23 30, 44, 68, 77) al bloque de una docena de oraciones (por ejemplo 86, 104). Así aparece el texto que Max Brod había publicado por primera vez en Frankfurt en 1953, incluyéndolo en la antología de escritores póstumos Preparativos para una boda en el campo y añadiéndole un título ya célebre: Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero. 
Nunca, para uno de sus textos, Kafka había ideado una disposición semejante de la página y de la secuencia. Y aun cuando no haya indicio, directo ni indirecto, de alusiones hechas por Kafka relativas a ala existencia de estos aforismos, prevalece la idea de que hubiese planeado publicarlos de acuerdo a como los había distribuido en esas delgadas hojas. Pensamiento sustentado por el hecho de que casi en su totalidad los fragmentos habían sido transcritos, algunas veces con ligeras modificaciones, de dos cuadernos en octavo que estaba escribiendo durante esos meses: era como si hubieran sido extraídos de una determinada forma para ser articulados en otra. Los aforismos que no aparecen  en aquellos cuadernos son ocho, agregados por Kafka en un segundo momento -probablemente en el transcurso del año 1920- y separados de los anteriores por una breve raya que aquí se mantiene. Considerando la manera como había sido concebido, el manuscrito ponía en relieve el aspecto de unicum que distingue a los Aforismos de Zürau, de hecho no equiparables a ningún otro precedente, de no ser por ocultas afinidades  (tal vez en primer lugar  a Hebbel y Kierkegaard - el cual además era una de las lecturas de Kafka en aquel periodo). En cuanto a la denominación "aforismos", aquí adoptada, debe ser entendida como una vaga aproximación, porque esos fragmentos no respetan ni siquiera la forma clásica del aforismo -tal y como la encontramos igualmente representada en Kraus o Chamfort. Mas bien: respetan esa forma en cierto número de casos (28, 62, 94, 100), pero se le apartan bruscamente en muchos otros. ¿Cómo definir, por ejemplo, el fragmento 47 sino como un apólogo?
Cuanto más estudiaba acerca de aquellas hojas delgadas y sus conexiones con los cuadernos y las cartas escritas por Kafka en los meses de Zürau, más me parecía evidente que esos textos debían ser leídos exactamente en la forma en la forma en que Kafka los había dispuesto, como esquirlas de meteoritos caídas en regiones desérticas. Curiosamente, estos fragmentos fueron publicados y traducidos, pero ninguna edición siguió hasta ahora dicha vía. Y esto me incitó a intentarla.
Posteriormente, pensé en incorporar al texto el capítulo XV de K., que trata no sólo de estos aforismos sino de toda la estancia de Kafka en Zürau -y del significado que asumió en su vida. Al revisar esta traducción, que se remonta al periodo en el cual escribía K., fue un placer y un alivio ser favorecido por la precisión y la agudeza de Maddalena Buri. En cuanto difíciles de entender, los Aforismos de Zürau son difíciles de traducir, inclusive allá donde se presentan engañosamente límpidos. Me propuse no atenuar las asperezas ni las extrañezas, que forman parte del "esplendor velado" de estos fragmentos. 

R.C.

Traducción de Valerio Negri


* * *


Franz Kafka
Aforismos de Zürau


1

El verdadero camino pasa por una cuerda que no está tensada en las alturas, sino apenas por arriba del suelo. Más pareciera estar destinada a hacernos tropezar que a ser recorrida. 


2

Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, una interrupción prematura de lo metódico, un estacar de la cosa aparente. 


6

El momento decisivo de la evolución humana es permanente. Por eso tienen razón los movimientos intelectuales revolucionarios que declaran nulo todo lo sucedido con anterioridad, pues nada ha pasado todavía. 


13

Una primera señal de conciencia incipiente es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable; otra, inalcanzable. Ya no nos avergonzamos de querer morir; pedimos ser trasladados de la vieja celda, que odiamos, a una nueva, que apenas aprenderemos a odiar. Un resto de fe continua operando, por si acaso durante el transporte apareciera el Señor por el pasillo, mirara al prisionero y dijera: "A éste ya no lo vuelvan a encerrar. Éste viene conmigo". 


16

Una jaula fue en busca de un ave. 


18

Si hubiera sido posible construir la Torre de Babel sin escalarla, su construcción habría sido permitida. 


19

No permitas que el Mal te haga creer que puedes tener secretos frente a él. 


20

Leopardos irrumpen en el templo y beben el contenido de las copas sagradas; esto se repite una y otra vez; finalmente, esto se puede calcular de manera anticipada y deviene parte de la ceremonia. 


23

Del verdadero enemigo te llega una valentía ilimitada. 


24

Comprender la fortuna de que el suelo que pisas no puede ser más grande que los dos pies que lo cubren.


25

¿Cómo alegrarse del mundo sino cuando se refugia uno en él?


28

Una vez que hemos acogido el Mal, ya no exige que le creamos.


31

No aspiro al autodominio. El autodominio significa: querer influir en un punto aleatorio de las infinitas irradiaciones de la existencia espiritual. Pero si debo trazar tales círculos a mi alrededor, entonces mejor hacerlo inactivo, en la mera contemplación del enorme complejo y sólo llevarme a casa el fortalecimiento que da e contrario de esta visión. 


38

Había uno que asombraba de lo rápido que avanzaba por el camino de la eternidad; es que lo recorría vertiginosamente hacia abajo.


39

Al Mal no se le puede pagar a plazos -y se intenta sin parar. 

______

Sería concebible que Alejandro Magno, a pesar de los triunfos bélicos de su juventud, a pesar del excelente ejército que adiestró, a pesar de las fuerzas para cambiar el mundo que bullían dentro de él, se hubiese quedado parado en el Helenesponto y no lo hubiese atravesado; y no por miedo, no por indecisión, no por una debilidad de la voluntad, sino por la gravedad de la Tierra. 


40

El sólo nuestro concepto de tiempo el que permite que le llamemos así al Juicio Final. En realidad se trata de un juicio sumario. 


44

Es ridículo cómo te has enjaezado para este mundo. 


48

Creer en el progreso no significa creer que ya sucedió algún progreso. Ésa no seria fe. 


50

El hombre no puede vivir sin una constante confianza en algo indestructible dentro de sí, aunque tanto lo indestructible como la confianza pueden estar permanentemente ocultos para él. Una de las posibilidades de expresarse, de este estar-oculto, es la fe en un Dios personal. 


51

Se necesitó de la mediación de la serpiente: el Mal puede seducir a los hombres, pero no puede convertirse en hombre. 


69

En teoría existe una posibilidad perfecta de felicidad: creer en lo indestructible dentro de uno mismo y no aspirar a ello. 


74

Si lo que se debió destruir en el Paraíso era destructible, entonces no era decisivo; pero si era indestructible, entonces vivimos en una falsa creencia. 


78

El espíritu sólo empieza a ser libre cuando deja de ser un apoyo. 


84

Fuimos creados para vivir en el Paraíso, el Paraíso estaba destinado a servirnos. Nuestro destino fue modificado; pero nada se ha dicho acerca de que lo mismo haya sucedido con el destino del Paraíso. 


87

Una fe como una guillotina, así de pesada, así de ligera.


92

La primera idolatría fue seguramente miedo a las cosas, y en conexión con ello, miedo a la necesidad de las cosas y, en conexión con ello, miedo a la responsabilidad por las cosas. Tan terrible le pareció al hombre esta responsabilidad que ni siquiera se atrevió a atribuírsela a un único ser extrahumano, pues también con la mediación de un solo ser la responsabilidad humana no habría sido lo suficientemente aligerada, el trato con un solo ser todavía habría estado demasiado manchado de responsabilidad, por eso se le dio a cada cosa la responsabilidad de sí misma, más aún, también se les dio a estas cosas una responsabilidad relativa por el hombre. 


94

Dos tareas para iniciar la vida: limitar tu círculo cada vez más y comprobar una y otra vez si no te has escondido en algún lugar fuera de tu círculo.


109

No es necesario que salgas de la casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes, quédate en absoluto silencio y soledad. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; arrobado, se retorcerá ante ti. 


Traducción del alemán Claudia Cabrera
[Tomado de Aforismos de Zürau, Sexto Piso, México, 2005.]

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