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Entradas

El vencedor, de Ivo Andric

De repente su conciencia despertó y lo convirtió todo en un fardo y un dolor insoportable que amenazaba con aplastarlo. En un punto de lo más profundo de su mente enardecida, él supo que esos chorros rojos debían detenerse, y también ese crujido de tejidos y cartílagos y ese cuello cortado que se abre y se estira ininterrumpidamente, y que sólo después vendría el verdadero esfuerzo: debía coger la horrible cabeza que era más terrible que pesada, levantarse, dar unos pasos y mostrarse con ella.  Pero cómo hacerlo, si le bastaba pensarlo para sentirse agotado, y se le nublaba la conciencia a cada instante y una cortina de sangre, de sudor y de aliento ardiente le caía sobre los ojos. No obstante, todo se hizo como era debido -quién sabe si duró mucho o poco-, él se levantó, dio unos pasos cerca de la calentura y del vértigo, sintiendo entre sus dedos el cabello inhumano y el peso de la cabeza cortada de Goliat contra su rodilla izquierda.  Nunca el suelo había sido tan duro.  De pronto …
Entradas recientes

Funderelele y más hallazgos de la lengua (selección), de Laura García Arroyo

Aporcar.  _____
Amontonar la tierra de una maceta alrededor de los troncos o tallos de una planta. _____
Dedicar tiempo a la jardinería me relaja. No tengo jardín (ni siquiera balcón), pero tengo mi departamento lleno de plantas. Agarrar la regadera suele convertirse en unos de los momentos más gozosos de la semana y me descubro cantándoles a los helechos y hablándole a las palmeras como si fueran mis roomies. Cuando era una niña pasaba los veranos en una casita de campo en Becerril de la Sierra, cerca de Madrid, donde las vacaciones se convertían en auténticas aventuras. La casa era chiquita, pero el jardín era un paraíso que convertíamos, según el juego, en una ciudad, una estación de bomberos, una gasolinera, una cancha de tenis, un circuito de Fórmula 1 o en la mejor fiesta de disfraces de la comarca. Mientras nuestros padres trabajaban en la capital de lunes a viernes, mis primos, mi hermano y yo quedábamos al cuidado de nuestros abuelos. Mi abuela batallaba por hacernos comer y n…

De cómo volví a ver a Marcos y participé en la preparación de una operación comando, de Gioconda Belli

Managua, 1974


Al sur de Managua se alzan las sierras del mismo nombre. Uno deja la ciudad y a los pocos kilómetros cambia el clima y la vegetación se torna espesa. La carretera serpentea subiendo entre hondas cañadas desde las que surgen árboles monumentales. Caminos de tierra que se desprenden de la carretera Panamericana, conducen a las haciendas cafetaleras que pueblan toda esa zona. Desde que era niña entrar en esos caminos me transportaba a un mundo primigenio, de naturaleza virgen e indomable.
Mi prima Pía y Alfredo vivían en Mazatlán, la hacienda de café de mi abuelo. Para llegar allí, uno se internaba por las cañadas de la sierra, en un ámbito vegetal y húmedo donde olía a café tostado, a humus y soplaba un viento afilado ululando entre los espadillos. Allí tuvo lugar la reunión en que me encontré con Marcos después que cesara la vigilancia de los agentes de seguridad. Antes de encaminarme a Mazatlán, obedeciendo instrucciones de Roberto, vagué dos horas p

Los fantasmas y el partido de fútbol, de Patrick Kennedy

Había una vez el hijo de una pobre viuda que buscaba un lugar para vivir y que llegó, una noche de invierno, a una gran casa de campo, muy próxima a un viejo castillo. -Que Dios proteja a cuantos viven aquí -dijo apenas entró. -Que Dios te brinde su misericordia -repuso el granjero-. Ven, muchacho, acércate al fuego. -¿Podría usted albergarme por esta noche? -preguntó el joven, llamado Jack. -Desde luego, eso mismo haré. Pero tendrás que dormir en una confortable habitación del viejo castillo, allá arriba. Te daré fuego y velas y lo que necesites para beber; si sigues con vida mañana por la mañana, voy a pagarte diez guineas. -Seguro que seguiré vivo, excepto que usted envíe alguien a matarme. -No voy a enviar a nadie, puedes estar tranquilo. Pero el lugar está hechizado desde la muerte de mi padre, y tres o cuatro personas que durmieron entre esas paredes fueron encontradas sin vida al día siguiente. Si logras eliminar a esos fantasmas, te daré como recompensa estas tierras y la man…

El general sale a exterminar a Charlie Cong, de Nicholas Tomalin

A los directores de periódico les gusta argüir que el Nuevo Periodismo no puede adaptarse a la prensa diaria, basándose tanto en que funciona sólo a nivel de temas triviales ("pop"), como en que no satisface las exigencias de la hora de cierre. En 1966 Nicholas Tomalin era uno de los principales reporteros de Inglaterra, un periodista "duro" de mucho prestigio, cuando usó las técnicas del Nuevo Periodismo para escribir este trabajo. Acompañó al general Hollinsworth en su "Misión Exterminio" y escribió el artículo en un solo día. Tuvo un impacto asombroso en Inglaterra, recreando para los lectores británicos la realidad emocional de la guerra... y una cierta aterrada fascinación hacia ella. De hecho, Tomalin estaba trabajando para un semanario, el Sunday Times, lo cual resta algo de mérito a su hazaña; sin embargo, los escritores de artículos diarios podrían lograr cosas parecidas mucho más a menudo, estoy convencido, si se les ejercitase y animase a hacer…

Cinema ideal, de Rafael Azcona

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Como siempre que cambia el programa, el Tío Joaquín -sombrero negro, palillo entre los dientes de oro, pelliza con cuello de piel, garrota colgada del antebrazo, la parentela detrás de su espalda- se planta ante la cartelera media hora antes de que abra la taquilla y uno de sus nietos, apartándose los tufos[1] de los ojos, deletrea para los demás lo que la cartelera anuncia: dos grandiosos reestrenos[2], Recuerda, con la maravillosa "In-gri-Ber-man"[3], y La guerra de Dios, con el gran Francisco Rabal[4], luego, para matar el frío y la espera, la tribu hace palmas por bulerías, una vieja sin dientes canturrea "Por la calle abajito va el que yo quiero", su bisnieta empieza a bailar, algunos jalean sin ningún convencimiento "Viva el arte", "Lo que sabe la niña", "Toma, toma, pastillas de goma" y los demás se juegan la honra a los chinos. 
Ya está ahí esa gentuza, deduce la taquillera, empeñada en la tarea de encajar en su angosto cuchit…