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Mostrando entradas de 2017

El general sale a exterminar a Charlie Cong, de Nicholas Tomalin

A los directores de periódico les gusta argüir que el Nuevo Periodismo no puede adaptarse a la prensa diaria, basándose tanto en que funciona sólo a nivel de temas triviales ("pop"), como en que no satisface las exigencias de la hora de cierre. En 1966 Nicholas Tomalin era uno de los principales reporteros de Inglaterra, un periodista "duro" de mucho prestigio, cuando usó las técnicas del Nuevo Periodismo para escribir este trabajo. Acompañó al general Hollinsworth en su "Misión Exterminio" y escribió el artículo en un solo día. Tuvo un impacto asombroso en Inglaterra, recreando para los lectores británicos la realidad emocional de la guerra... y una cierta aterrada fascinación hacia ella. De hecho, Tomalin estaba trabajando para un semanario, el Sunday Times, lo cual resta algo de mérito a su hazaña; sin embargo, los escritores de artículos diarios podrían lograr cosas parecidas mucho más a menudo, estoy convencido, si se les ejercitase y animase a hacer…

Cinema ideal, de Rafael Azcona

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Como siempre que cambia el programa, el Tío Joaquín -sombrero negro, palillo entre los dientes de oro, pelliza con cuello de piel, garrota colgada del antebrazo, la parentela detrás de su espalda- se planta ante la cartelera media hora antes de que abra la taquilla y uno de sus nietos, apartándose los tufos[1] de los ojos, deletrea para los demás lo que la cartelera anuncia: dos grandiosos reestrenos[2], Recuerda, con la maravillosa "In-gri-Ber-man"[3], y La guerra de Dios, con el gran Francisco Rabal[4], luego, para matar el frío y la espera, la tribu hace palmas por bulerías, una vieja sin dientes canturrea "Por la calle abajito va el que yo quiero", su bisnieta empieza a bailar, algunos jalean sin ningún convencimiento "Viva el arte", "Lo que sabe la niña", "Toma, toma, pastillas de goma" y los demás se juegan la honra a los chinos. 
Ya está ahí esa gentuza, deduce la taquillera, empeñada en la tarea de encajar en su angosto cuchit…

El sol, la luna, las estrellas, de Junot Díaz

No soy un tipo malo. Sé cómo suena eso -defensivo, sin escrúpulos- pero no es así. Soy como todo el mundo: débil, capaz de cualquier metedura de pata, pero básicamente buena gente. Sin embargo, Magdalena no lo ve así. Ella me considera el típico dominicano: un sucio, un perro. Sucede que, hace varios meses, cuando Magda todavía era mi novia, cuando yo no tenía que tener tanto cuidado con casi todo lo que hacía, le pegué cuernos con una jevita que tenía una montaña de pelo a lo freestyle, como en los años ochenta. No le dije nada a Magda, por supuesto. Tú sabes cómo es eso. Un huesito apestoso como ese, mejor enterrarlo en el patio de tu vida. Magda sólo se enteró porque una amiguita suya le mandó una fokin carta. Y esa carta tenía detalles. Vainas que no le contarías a tus panas, ni aunque estuvieras borracho.  Y lo peor es que esa pendejada se había terminado hacía meses. Magda y yo habíamos recuperado nuestro flow. Ya la distancia entre nosotros de aquel invierno en el cual le pegu…

Pequeño duende casero, de Senko Karuza

Busbuskalai apareció en el fregadero. Ya empiezan los problemas. Otra vez se prepara para estropearme el día. Empieza temprano, durante el desayuno. Será tan descarado que ni siquiera esperará a que los niños se vayan al colegio. ¡Que se enteren del tipo de padre que tienen! Decido ponerle freno a toda la mierda que pueda pasar; me levanto bruscamente de la mesa, salto sobre el fregadero y le doy un puñetazo en la cara. Los platos vuelan en todas direcciones y Busbuskalai queda aturdido entre los escombros. Espero a ver si ahora me deja en paz. -¡Estás completamente loco! ¿Por qué no vas al médico? -grita mi esposa histéricamente.  Me abstengo de hablar. Si todo se queda en eso, si Busbuskalai se retira, todo irá bien. Quedará como un ataque de mal humor mañanero. Cierro los ojos y espero, con la cabeza inclinada sobre el fregadero. Siento que los niños me observan en silencio. Hay que aguantar eso de que miren a su padre tomándolo por loco. Ellos aún no tienen un Busbuskalai de ello…

Las probabilidades en contra, de Stanislaw Lem

El autor se hace llamar Cezar Kouska en la portada, pero firma la introducción como Benedykt Kouska. ¿Errata o ardid? En lo personal prefiero el nombre de Benedykt; de ahí que elija apegarme a él. Por tanto es al profesor Benedykt Kouska a quien debo algunas de las horas más placenteras de mi vida, horas, dicho sea de paso, que he dedicado a la lectura de su obra. Los puntos de vista que expone están sin duda alguna en pugna con la ortodoxia científica. Sin embargo, no se trata de demencia pura. La cosa yace a mitad del camino: en esa zona transitoria en la que no es ni de día ni de noche, y en donde la mente afloja las ataduras que le impone la lógica pero sin desbaratarlas hasta el grado de dejarse llevar por la incoherencia.  El profesor Kouska ha escrito una obra que demuestra que la siguiente relación de exclusión mutua priva: o la teoría de la probabilidad, sobre la que funda la historia natural, es falsa de toda falsedad, o el mundo de lo animado, con el hombre a la cabeza, no…