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Pequeño duende casero, de Senko Karuza

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Busbuskalai apareció en el fregadero. Ya empiezan los problemas. Otra vez se prepara para estropearme el día. Empieza temprano, durante el desayuno. Será tan descarado que ni siquiera esperará a que los niños se vayan al colegio. ¡Que se enteren del tipo de padre que tienen! Decido ponerle freno a toda la mierda que pueda pasar; me levanto bruscamente de la mesa, salto sobre el fregadero y le doy un puñetazo en la cara. Los platos vuelan en todas direcciones y Busbuskalai queda aturdido entre los escombros. Espero a ver si ahora me deja en paz.
-¡Estás completamente loco! ¿Por qué no vas al médico? -grita mi esposa histéricamente. 
Me abstengo de hablar. Si todo se queda en eso, si Busbuskalai se retira, todo irá bien. Quedará como un ataque de mal humor mañanero. Cierro los ojos y espero, con la cabeza inclinada sobre el fregadero. Siento que los niños me observan en silencio. Hay que aguantar eso de que miren a su padre tomándolo por loco. Ellos aún no tienen un Busbuskalai de ellos. 
-¿Qué te pasa ahora? -pregunta mi esposa y se me acerca, apoya su mano sobre mis hombros y siento que arrima su cara a la mía.
Abro los ojos, veo los suyos, inseguros, enfadados y preocupados. Me abraza y quiere darme un beso, pero con el rabillo del ojo veo a Busbuskalai que se sitúa delante de mis labios. Lo muerdo fuertemente en la mejilla y mi mujer grita. Hace que los niños se levanten de la mesa y los manda al colegio. Se abrazan en el pasillo y lloran. 
Espero. Muy pronto todo estará tranquilo.
-¿Por qué me haces esto? -le pregunto-. ¿Por qué no puedes estar sentado tranquilamente y observar lo que sucede en la casa como otros fantasmas normales? 
Busbuskalai se tapa la cara con las manos y comienza a llorar.
-No sé qué te está pasando -dice-. En esta casa sólo te molesto a ti. 


Traducción de David Prpa.

[Tomado de A todos nos falta algo. Antología de cuento croata, Ediciones cal y arena,  México, 2014] 


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