Prefacio a la cuarta edición de "Así en la paz como en la guerra" de Guillermo Cabrera Infante

Sé que debía haber hecho esto hace tiempo: desde el mes de noviembre de 1960, cuando Así en la paz como en la guerra alcanzó su tercera edición a los tres meses de estar en la calle la primera. No por este olvido, que fue el olvido de la pereza y no de la memoria, se me escapó la importancia que tiene para un autor (joven o viejo, es igual) que un libro suyo alcance tal atención. Todavía no me lo explico y ni siquiera la falsa modestia puede explicarlo. ¿Por qué Así en la paz... es un libro con éxito? Ha habido numerosas -y por tanto simples- explicaciones, que me voy a permitir explicar:


1)El libro tiene malas palabras.

2)El libro contiene literatura erótica.

3)El libro ha obtenido publicidad generosa.

4)es un libro de cuentos.

5)La portada es llamativa.

6)El título es eficaz.

7)El tamaño es apropiado.

8)El libro tienne un precio económico.

9)El libro ha tenido suerte.

10)El libro es un libro.


Siete de esas explicaciones las he oído dondequiera, dos me las ha sugerido el momento, la última sirve para explicar por el absurdo lo inexplicable: ningún autor ha sabido jamás por qué se venden su libros. Ha tenido, sí, oscuros presentimientos, vanas figuraciones, la sensación de poseer fórmulas intuitivas o científicas: nada de esto, sin embargo, explica el éxito -si es que esta palabra tiene algún significado todavía: Melville murió siendo un oscuro aduanero treinta años después de haber publicado su Moby Dick; Stendhal fue leído, según su propia profecia hecha medio siglo atrás, "alrededor de 1890"; Kafka murió en la tisis y en el olvido-. Frente a esto "grandes nombres" hay una multitud de pequeños autores que fueron niños mimados del éxito en su tiempo: el olvido actual es inversamente proporcional al renombre que tuvieron en vida: el gran éxito de librería de Francia por el tiempo en que nacía Henri Beyle fueron los veinte olvidados volúmenes de El gran Ciro, de una

Madeleine de Scudery; las novelisras en vogue del tiempos del joven Melville no las puede nombrar el recuerdo: Franz Werfel fue amigo íntimo de su tocayo Kafka. ¿Qué significa el éxito? Es un licor fragante, una ilusoria droga, el anhídrido carbónico en el fondo del mar: se puede subir a la cabeza y puede enviciar y puede matar por asfixia: François sagan ve con dolor ella misma que cinco años después ya no significa nada.

Pero por otra parte, ¿por qué rechazar el éxito y el dinero como si quemaran? No puedo negar que me gsutóq ue leyeran (y compraran ¡por favor!) mi libro, este libro, y sé que eso me obliga con ustedes: decía un amigo una vez: "cuando un escritor tiene un público es hora de que comience a pensar en escribir para él" (todavía no spe si este amigo que es también amigo de las paradojas, quería decir que el escritor debía escribir para el público que ahora tiene o para sí: dejo en manos de la anfibología, de la retórica, esta duda metafísica). Pero quiero anunciarle que escribo para usted al tiempo que le digo, el confidencia: es por ti que escribo. ¿Que más? Nada más, excepto darte las gracias y repetir la palabras dle escritor tis. Habla, en verso, Bertolt Brecht:

Enseñar sin disípulos

Escribir sin fama

Es difícil...

Ahora, hasta luego y gracias, tú.

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