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Ensayos parisinos, de Gao Xingjian

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Si uno quiere conservar su propio valor, su dignidad humana y la independencia, es decir, lo que llamamos libertad, frente a la dictadura, la opinión pública, la lógica confuciana, el bien de determinados grupos y del partido, y las modas, la única salida es la huida. Y si ésta no es posible, a uno sólo le queda la muerte.

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Huir es reclamar la existencia, de otro modo, si uno no muere prisionero en una jaula, es destruido por la lengua de las masas. Si uno nada a favor de las corrientes, es ahogado por las convenciones, si no, su vanidad le tortura hasta la muerte, además de hacerle perder la cabeza.

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Los ermitaños de antaño o los que se han hecho pasar por locos estaban todos huyendo. En todos los casos, no dejaba de ser un modo de reclamar existencia, y en realidad no les quedaba otro remedio. La sociedad actual tampoco es muy civilizada, ya que no sólo sigue matando a la gente, sino que las formas de hacerlo se han multiplicado. La llamada autocrítica es precisamente una de ellas. En caso de que uno no acceda a realizar una autocrítica ni quiera hacer como los demás, sólo le queda guardar silencio. Y el silencio es también un propio suicidio, un suicidio espiritual. Aquellos que no quieren ser asesinados y los suicidas, siguen teniendo la huida como única salida. En realidad, la huida es y ha sido el único modo de salvación.

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Si se quiere salvar a la patria y al pueblo sin salvar primero a los individuos, al final todo se reduce a mentiras, o por lo menos a palabrería. Lo más apremiante sigue siendo salvar a las personas. Con un pueblo y un país tan inmensos, si las personas aún no se pueden salvar a sí mismas, ¿cómo van a poder salvar al pueblo y al país? Por consiguiente, lo más práctico es salvarse primero a uno mismo.

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La literatura es una forma de salvación espiritual. Un modo de superar no sólo la política totalitaria, sino también el modo de vida actual.

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en una sociedad de consumo totalmente mercantilizada, si la literatura quiere ser literatura sin prestarse a ser reducida a producto y sometida a los gustos de moda creados artificial o ciegamente, lo único que tiene que hacer es mantenerse alejada de los medios de difusión de masas, retirarse de la vida en sociedad y convertirse en una actividad individual pura.

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La literatura sólo podrá salvarse a sí misma si consigue eludir los golpes mortales y las medallas. En la literatura no caben los burócratas ni los jueces. Ésta no debe preocuparse por la opinión pública y tiene que ser inmune tanto a la crítica como a los halagos. En definitiva, debe mantenerse fiel a sí misma, ya que así, y sólo así, conseguirá ser libre.

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La libertad de creación no es más que una expresión bonita o, lo que es lo mismo, un eslogan seductor. Este tipo de libertad nunca nos viene dada, es decir, nadie te la proporciona ni puede conseguirse luchando, sino que tiene su origen en el escritor mismo. Sólo si te salvas primero a ti mismo podrás conseguir la libertad espiritual.

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En cuanto el escritor se involucra en las luchas políticas ya nunca puede salir de ellas, y en ese caso la literatura es la gran sacrificada. Las críticas y las contra-críticas de las obras literarias son todas trampas montadas por los demás. El viento y los molinos de viento, si éstos giran o no giran y cómo giran, en principio no tiene ninguna relación con Don Quijote. No hay ninguna necesidad, pues, de que le sigas los pasos haciéndote también el loco.

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Si un escritor logra esquivar a los críticos, éste se puede sentir afortunado. La forma y el fondo, el método y el concepto de lo que es correcto o incorrecto, la tradición y la innovación. Todo este tipo de debates se los inventan los críticos, que necesitan alimentarse mutuamente pero, en realidad, no tienen ninguna relación con la creación literaria.

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El escritor no es la conciencia de la sociedad, al igual que la literatura no es el espejo de la sociedad. El escritor no es más que alguien que se ha escabullido y se ha situado al margen de ésta, es alguien ajeno a ella, en observador que la contempla con mirada fría. El escritor no tiene por qué convertirse en conciencia de la sociedad, ya que la sociedad va sobrada de conciencia. Sólo se vale de conocimientos intuitivos para escribir sus propias obras. Sólo es responsable ante sí mismo, lo que no implica mucha responsabilidad. El escritor observa fríamente, con una mirada que va más allá de su ego o con una conciencia que deriva de éste, observándose a sí mismo, sirviéndose de la lengua para expresarse. Eso es todo.

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La creación del literato no tiene por qué preocuparse por el lector. Tanto si lee como si no lee, el lector tampoco le tiene nada en cuenta. Sólo si ambos son libres frente al otro puede existir la literatura. La naturaleza de la literatura en modo alguno consiste en ser consumida. Llegado el momento en que se puede escribir o no escribir, se puede leer o no leer, y se escribe y se lee, es cuando realmente merece la pena escribir y cuando hay algo que leer.

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La literatura no es un bien de consumo, es decir, la literatura fría, no se deja llevar por la corriente, no persigue las modas. Simplemente aboga por sí misma, tiene sus propias formas y cree en sí misma, busca un modo de expresar la percepción humana sin rodeos.

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La literatura fría, en general, siempre versa sobre un único tema y objeto, que es eso difícilmente discernible que es el individuo mismo, algo que, además, nunca podrá dilucidarse de forma exhaustiva. Tal es precisamente la razón por la que a lo largo de los años, incluso en un futuro lejano, a pesar de que se enfría día a día, esta literatura no puede desaparecer del todo en la sociedad de hoy.

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Actualmente, la ideología ha sido sustituida por el método, el pensamiento por la información, el concepto por el procedimiento, el arte de la lengua por el cine y la televisión, los escritores por los periodistas y los directores, los poetas por las estrellas de la canción y el lugar que ocupaban las obras literarias en la sociedad por los noticiarios. La función omnipotente de la literatura está desapareciendo poco a poco, por lo que no le queda otra opción que enfriarse.

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Las gentes de hoy se encuentran aprisionadas entre las políticas totalitarias tradicionales de Oriente y la sociedad mercantilista de Occidente. Luchan sin fin para conseguir afirmar su ego sólo para tomar conciencia de que también este ego está hecho añicos. Las personas, limitadas por el entorno, las oportunidades y las condiciones que las envuelven, no pueden más que actuar como una pieza dentro del engranaje de la sociedad. El valor individual de las personas también se ha materializado para convertirlo en mercancía. La personalidad ha sido reemplazada por el estatus. La acción ha sustituido a la psicología. Incluso el sexo se está convirtiendo cada vez más en una forma de consumo. El carácter misterioso de los seres humanos prácticamente se ha perdido. Esta conciencia absurda proviene precisamente de la comprensión desengañada de su condición vital.

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Esta conciencia absurda de la difícil situación en que se encuentra la humanidad va a significar sin duda una fuerte sacudida para todas esas teorías fundamentadas en razonamientos lógicos. Por lo que se refiere a cualquier punto de vista justo, ya sea político, ya sea social, todos se transforman en absurdos y ridículos.

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Actualmente la gente se enfrenta a unos tiempos sin ismos. Las supersticiones ideológicas son reemplazadas mediante todo tipo de métodos y procedimientos que, además, no paran de renovarse. La filosofía en su sentido tradicional ya ha muerto.El pensamiento y el debate ya no son tan importantes, de modo que la literatura que se sirve del texto para difundir los valores morales o que expresa ideales pronto se convertirá en una reliquia del pasado.

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A finales del siglo pasado, Nietzsche fue alguien que lanzó un grito de rebeldía contra la desesperanza de la sociedad. Hoy día, en estos tiempos materialistas se regresa de nuevo a lo que llaman el sentido de la existencia, que no es más que un término vacío, un invento de la filosofía que se toma prestado para constatar que el valor de las personas es igual de ilusorio.

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Wittgenstein dedicó tenazmente toda su vida a introducir los métodos de la lógica simbólica en la filosofía. Puesto que el éxito de la lógica no es necesariamente la sabiduría, al final acabó proclamando que la lógica sería el punto de partida para acabar con la filosofía. Al final todos y cada uno de los inventos del sistema teórico sólo pueden acabar siendo ilusiones de la razón humana. A fin de cuentas, la filosofía no es más que un refinado y vano esfuerzo conceptual de los humanos. Por consiguiente, la literatura no es más que la descripción de este esfuerzo vano.

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Actualmente, siempre que alguien apela a la razón es en realidad por la necesidad de expresar su ego. La atención que se ha puesto en las formas de debate ha superado con creces la que se ha puesto en las conclusiones. La búsqueda de formas de filosofía, sin darnos cuenta, ha terminado sustituyendo a la filosofía misma. Nos encontramos frente a una era filosófica en la que se prescriben recetas pero no se curan enfermedades. Cuando la gente se percate de que la filosofía ya se ha convertido en un juego de la mente, no hará falta que se tome demasiado en serio los diferentes tipos de ismos literarios.

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El significado no es algo irrefutable e invariable, ya que a menudo se pueden derivar numerosos significados distintos. Ser y no ser, y no ser y ser pueden tener infinitas interpretaciones, por lo que antes que abandonar la búsqueda del significado, es mejor describir los fenómenos y las acciones. La lengua es algo intrínseco al hombre y al mundo. Por consiguiente, la filosofía y la literatura actuales discurren por derroteros distintos pero comparten el mismo destino, ya que el pensamiento y la percepción acaban realizándose a través de la lengua.

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Cuanto más complicada se presenta la teoría, más aburrida resulta, lo cual es precisamente el suicidio del pensamiento. Cuando el pensamiento es libre, no sólo no se ve constreñido por la lógica, sino que se puede desentender del llamado sistema. La definición autoimpuesta de cualquier sistema lo único que hace es asfixiar la libertad de pensamiento. La contradicción, el caos y la polisemia son, en cambio, fuente de pensamiento.

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Sólo cuando trasciende la ideología, el sujeto y el sentido, y por su cuenta y riesgo, se lanza a la búsqueda de placer de la lengua en sí misma, puede la literatura devenir literatura. El sentido en medio del no sentido y la ambigüedad son precisamente la quintaesencia de la literatura.

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Es preferible hacer de la literatura un modo de acción que reducirla a un mero símbolo.

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Cuando decimos "El abuelo se broncea al sol"[1], ¿quién broncea a quién? He aquí un ejemplo del triunfo de la lengua frente a la lógica.

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Mientras que los políticos se pelean en el casino del poder, incluso empleando armas mortíferas, el escritor se enfrenta solo a la lengua, sin tener que vérselas con nadie y hablando sólo consigo mismo. Atormentándose y liberándose. En este mundo desbordado de deseos materiales, o uno se aísla erigiéndose en aristócrata espiritual o bien vaga solitario por ese universo lingüístico inexistente.

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En el momento en que la literatura deja de ser foco de atención de todo el mundo y consiga, además, seguir existiendo aun a pesar de despreocuparse de la sociedad, entonces y sólo entonces podremos considerar que ha encontrado su razón de ser; entonces y sólo entonces no será tratada más como un bien de consumo o un modus vivendi; entonces y sólo entonces podremos hablar de su valor; entonces y sólo entonces merecerá la pena escribir y leer. En la sociedad actual es preferible que la literatura sea un lujo, que se mantenga al margen del utilitarismo, que se realice, que sea una forma de vida sin ninguna relación con los demás. La llamada huida no se trata únicamente de una liberación del ego en el sentido filosófico.

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Sólo cuando el escritor se libere de la represión política, se olvide de los beneficios editoriales y prescinda del gusto de los lectores, podrá dedicarse a la literatura, buscar únicamente su propia satisfacción y empezará a conseguir cierta libertad.

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El deber es un término algo peculiar. Es como la maldición de un zuncho que ciñe firmemente la cabeza del escritor para tirar de él con facilidad como si de un corderito se tratara. El escritor no tiene por qué hacerse el tonto y dejarse poner un cabestro. El llamado deber para con uno mismo es simple y llanamente que a uno le guste y se sienta satisfecho con lo que hace, con eso basta.

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En un principio y por regla general, la literatura no tiene ninguna misión, ni tiene círculos, ni tiene movimientos, ni tiene ismos. El escritor se encuentra absolutamente solo y crea su propio estilo. Todas las etiquetas que se adjudican a los varios ismos han sido colgadas sin excepción por otros para facilitar su clasificación y su archivo o para su venta.

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La muerte por asfixia de Lun Xun escritor a manos de Lun Xun político representó una pérdida para la literatura. por supuesto, no necesariamente fue una pérdida para el propio Lun Xun, pero quizá sí un motivo de arrepentimiento.

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Aquello que decide tanto la conducta como la ideología de las personas es la coacción. seguir la moda es como seguir a un líder; aparentemente, en ambos casos se debe a un mismo tipo de problema humano. La libertad cuenta con treinta y seis niveles o grados, la cuestión es: ¿qué nivel o grado de libertad queremos?

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Si un cuadro de Van Gogh es vendido por varias decenas de millones de dólares, ¿debemos considerarlo una muestra de admiración que honra a Van Gogh o bien como una burla? Afortunadamente, Van Gogh nunca se va a enterar.

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Decir que el valor del arte está más allá de su precio de venta hace patente un sentimiento sincero, expresa una emoción, sirve sólo para consolarse o auntocomplacerse, o es una muestra de egolatría, una ostentación del ego, un desahogo del ego, un culto al ego. O, usando las palabras de Kantor, una blasfemia contra el ego o tomar prestado un término de la sexología, para masturbarse. Afortunadamente, es heredado por las generaciones posteriores, lo que se puede considerar una burla de la muerte y, a la vez, es lo que no permite establecer su valor.

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Podemos decir que si vives, escribes. O mejor dicho, si escribes es cuando realmente vives. También puedes cambiar de modo de vida, pero si no es eso lo que deseas, no te queda más remedio que seguir viviendo así. Todo reside en la elección del ego, lo cual no deja de ser una forma de libertad. La libertad debe dejarte desconcertado.

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Podemos decir que el sol es redondo o, mejor aún, que es llano, o que es oval o que es una loncha o que es un punto, podemos decir que es rojo o azul o dorado o negro. En cuanto relacionamos la lengua con la actividad psicológica obtenemos este tipo de libertad y ésta toma forma de lenguaje literario.

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Lo real, lo imaginado, los recuerdos y las reflexiones son iguales ante la lengua. El escritor se enfrenta únicamente a la realidad de la lengua, todo lo demás probablemente no exista.

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La lengua china en principio no distingue entre las formas de pasado, presente y futuro, por lo que se adapta mucho mejor a la naturaleza del pensamiento. Todo lo que hay de irrazonable en el pensamiento es intrínseco a su naturaleza.

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La lengua literaria y la lengua científica corresponden a dos tipos de lenguaje distintos. Cuando la ciencia usa conceptos, los expresa según su orden lógico. De la lengua sólo permanecen una estructura seca y palabras y expresiones sin lustre y sin vida, con la vocación de convertir el mundo en algo concluyente e inalterable. Mientras que la literatura es la magia de la lengua y el escritor se deleita con ella, creando de la nada, haciendo de la conciencia, íntimamente ligada a la lengua, un espejismo.

París, 15 de octubre de 1990

Tomado de "Contra los ismos"

[Traducción del chino de Sara Rovira Esteva]

[1] En chino existe ambigüedad sobre quién es el sujeto y quién el objeto de esta frase, pero al traducirlo la sintaxis española obliga a tomar partido por una de las interpretaciones, puesto que la lección de la forma transitiva o la reflexiva del verbo ya determina quién es el sujeto. (N. de la T.)

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